Existe un tipo de soledad que aparece cuando las cosas cambian, cuando las personas en quien más confiaste simplemente se van, cuando de alguna forma la vida te obliga a detenerte y a toparte únicamente contigo mismo. Este proceso de soledad es sin duda uno de los más dolorosos, pero debo decir que eso es solo al inicio.
Por mucho tiempo he vivido tranquilo según mi manera de pensar, asumía muchas cosas dentro de mi vida, mi casa, mi familia, mi trabajo, mis problemas, mis proyectos y mis sueños, pero de pronto sentí que todo se detuvo de golpe, como si un cambio de dirección repentino apareciera de la nada seguido de un silencio total que nunca conocí y apareció como algo inevitable y que tenía que atravesarlo.
De pronto sentí que debía pensar en todo lo que normalmente evitaba: pensamientos de qué hacer ahora, inseguridades, heridas, cómo pasó, de pronto no hay cómo redirigirlo, no hay con quien distraerse, no hay cómo escapar de ello, terminas de conversar con alguna amistad de lo sucedido, termina la llamada, la conversación, y estás nuevamente ahí, solo contigo mismo y tu nuevo y extraño entorno silencioso del que nunca imaginaste vivir ni cómo reaccionar.
No sé cómo logré atravesar ese momento doloroso, solo se que fueron varios meses lo que me costó explorar este nuevo tipo de soledad, pero lo que si te puedo decir con certeza es que desde el primer día, eso trajo algo muy poderoso a mi vida: conocer mi verdadera esencia, conocer de qué estaba hecho y quien era yo realmente, fue incómodo encontrarme conmigo mismo, era como conocer a una nueva persona, con errores que nunca antes pude identificarlos, y con capacidades que nunca imaginé tenerlas.
En la soledad comienzas por primera vez a escucharte, comienzas no solo a tener pensamientos cotidianos sino a meditarlos y a tener otros pensamientos que antes ignorabas, comienzas a descubrir que tenías emociones aún sin procesar, decisiones que venías postergando, hábitos que faltaban pulir, y decisiones que tomar. Si se pudiera dibujar la soledad, tendría que ser un tipo de espejo donde se refleja el alma de la persona.
Y como todo espejo, no siempre te va a gustar todo lo que ves, y es ahí donde comienza el propósito de ese proceso doloroso, pues te das cuenta del trabajo que hay que hacer en ti mismo para poder vivir, revivir, existir y muchas veces sobrevivir.
La soledad pasó de ser un extraño a un aliado en mi proceso de reconstrucción, registraba en mis pensamientos las palabras de aliento que recibía de mis familiares, amigos, el pastor de mi iglesia y de la señora con quien recibía terapia emocional y luego meditaba en lo que me decían, trataba de entender y lo que no podía entender lo ponía a un costado como un asunto pendiente para que en el futuro pueda comprenderlo mejor. Y por primera vez en mi vida sentí ver ordenarse mi mente de una forma que nunca antes había ocurrido, comencé a cuestionar mis hábitos, y a entender que aquí había un responsable de muchas cosas, y ese era yo. Ya no había lugar para las excusas, sin ruido, sin autoengaños, solamente yo mismo y con decisiones que debía tomar.
Resulta extraño ver cómo esta soledad que nunca queremos transitarla te obliga a crecer, a desarrollar una disciplina cuando nadie te observa, a fortalecer la mente sin ningún tipo de validación, a encontrar dirección sin depender de las personas. Recuerdo que en mis oraciones le pedía a Dios que guíe mis pasos, que cuide de mucho de mis niños, pero que sobre todo pueda encontrar calma para que pueda ser la calma que ellos necesitaban. Eso fue una tipo de dirección que conseguí de Dios de primera mano, y puedo decirte que fue muy bueno vivirlo.
Comencé a auto liderarme día a día, torpemente al inicio pero encontrando siempre la forma de gestionarme de buena manera. A veces pienso que soledad y silencio muchas veces vienen juntas como ingrediente fundamental para la formación de carácter, es así que entendí que esto no era un final, sino una preparación para la construcción de un nuevo ser, un fortalecimiento de la identidad y una edificación del alma. No es nada cómodo, ni fácil, de hecho es muy difícil y tiene un costo alto, pero debo decir que fue necesario, y es necesario para todo aquel que esté pasando por un cambio abrupto en su vida.
Solamente no evites la soledad, es algo muy valioso, no la llenes con ruido externo, tampoco corras detrás de ella, solo vívela y úsala todas las veces que la tengas, pues en ese espacio donde ves que no hay absolutamente nada, es donde comienza a existir un todo, y ese todo es la esencia y el propósito que Dios trajo para ti, no pude ser antes ni después, era preciso que estas cosas pasaran justo ahora, de otra forma no iba a ser posible sacar el oro que hay en ti.
Pingback: Las señales que ignoré al inicio – fortalezadeacero.com
Pingback: El sacrificio en la soledad – fortalezadeacero.com