Cuando Dios te salva en el último segundo (historia real)

Recuerdo cuando tenía 5 años, vivía en una ciudad con geografía montañosa alrededor. En aquel tiempo me daba mucho miedo pasar por barrancos en carro, me imaginaba cayéndome y eso me tenía afligido todo el tiempo, incluso cuando salía con mi familia y no pasábamos por ninguno. Cierto día todas las cosas se juntaron, estábamos en otro pueblo de visita en la casa de mi tía, quien quiso darnos un paseo en carro por el pueblo, yo me opuse desde el principio, lo primero que dije fue: habrá barrancos.

Recuerdo claramente que yo les había dicho: aquel barranco que pasamos temprano, no lo quiero volver a pasar, me da miedo, y entre mi mamá y mis tías me trataban de animarme para que vaya: solo pasaremos por una parte corta, no hay de que preocuparse, finalmente terminaron convenciéndome.

En el carro iba mi tía conduciendo, ella recién había sacado su licencia de conducir, al costado iba la tía de mis primas cargando a la menor de mis primas y atrás íbamos mi hermana, mis otras dos primas y yo. Vi por la ventana cómo nos acercábamos al cerro con el barranco que tanto miedo me daba, cuando de pronto mi tía comenzó a gritar desesperadamente, yo solo vi sus manos como intentaban girar con fuerza el timón del carro el cual no obedecía, de pronto el carro se aproximó al precipicio del barranco y mi corazón estaba por estallar.

Hasta ahora recuerdo el sonido de las llantas como crujían en la tierra cuando el carro se inclinó hacia adelante y comenzó a caer por el barranco. No se en qué momento pasó, pero recuerdo que junté mis manos y dije una oración: Dios, ¡sálvame! Fuimos cayendo entre gritos y golpes que daba el carro hasta que una gran piedra detuvo al carro en medio del barranco, el carro terminó invertido con todos los vidrios rotos, pero finalmente se detuvo.

Muchas veces me puse a pensar de lo misterioso que fue cómo se dieron las cosas, pasé por lo que más miedo me daba a mi corta edad, nunca imaginé que viviría un accidente vehicular de ese tipo, justo en el barranco del cerro más atemorizante para mi infancia, pero dentro de todo ese terrible momento que pasé, recuerdo que cuando vinieron a rescatarnos, me sacaron por una de las ventanas del carro, me revisaron y dijeron: ¡No tiene nada! Por años esa vivencia la he recordado con cierta nostalgia y asombro, de cómo Dios escuchó la oración que quizá fue la más corta de mi vida, justo en el momento que el carro comenzó a desbarrancarse.  

Dios te escucha, querido lector, no importa por el momento difícil que estés atravesando, recuerda que en el momento más crítico y aún cuando parece no haber tiempo para pedirle algo, yo se que Dios te escuchará si se lo pides de todo corazón. Con esto puedo decir que los milagros ocurren, me ocurrió a mí, y en mis mayores miedos. Ahora cuando paso por algún barranco no tengo ningún temor, pero cada cierto tiempo recuerdo cómo fui rescatado, cómo fui escuchado, y pude vivir para contarlo. Dios es quien pone la roca para que el daño estrepitoso se detenga, quien sabe quizá sea la única roca que marque la diferencia, la que haga que el rescate sea posible, la que comience a construir después de la tragedia.

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Scroll to Top