Serie: De la ruptura a la reconstrucción (Parte 1)
A veces después de meditar, pienso que todos los hombres necesitamos una preparación muy sólida en cuanto a tener pareja, creo que los hombres, que nos dejamos llevar muy rápido por nuestros impulsos, debemos estar bien avisados e instruidos y no reaccionar desde la emoción y la ternura del momento por más grande e intensa que sea. Sobre todo cuando estamos verdaderamente enamorados.
Pero es la vida, y estoy seguro que si existiera un curso de cómo prepararse para el enamoramiento, pocos hombres se interesarían en llevarlo, porque parece mejor vivirlo, suena más atractivo experimentar el amor así con nuestros errores y fracasos, se ve mejor mostrar nuestra originalidad y hacer relucir nuestra presencia con hidalguía, pero te aseguro que, en cierto modo, estás frente a una gran riesgo de perder tu paz, tu enfoque, tu timón, y muchas veces, es quemar por completo grandes etapas de tu vida.
Mi historia comenzó en noviembre del 2010, cuando yo asistía al coro de la iglesia, yo era un muchacho por demás tranquilo, estaba entrando a mi penúltimo año de la universidad y mi corazón andaba muy inquieto por una chica del coro navideño, ella era, como muchos hombres vemos a la chica que nos gusta y nos apasiona, lo más dulce y tierno que mis ojos habían visto. Así que decidí hablarle y comenzamos a conversar, la frecuencia fue aumentando después de que intercambiamos números de celular y en poco tiempo comenzamos a vernos más seguido.
Cuando uno conecta genuinamente con alguien, las cosas se van dando de manera natural y fluida, seguro te preguntarás: ¿en que parte se dañó todo?, pues bueno, hasta este entonces ya había cometido dos grandes errores que a simple vista parecían imperceptibles.
El primer error: Dejar avanzar el gusto por la persona procurando enamorarla lo más rápido posible. Seamos sinceros, todos los hombres entramos en una especie de aceleración en este punto por diversas razones, queremos ganárnosla, también a veces creemos que otro nos puede ganar. La verdad no puede ser más clara: si en medio del cortejo ella se va con otro, ella es exactamente lo que no necesitas, así que, si has pasado por algo parecido, siéntete afortunado.
Cuando una chica es para ti, todo va a pasar en completa calma y tranquilidad, te dará paz hasta lo silencios o las veces que se extrañan. Yo me apresuré a avanzar, y no tenía ni idea de en lo que me estaba metiendo, yo andaba confiado, por último, ella era de la iglesia, de un hogar cristiano, servía a Dios en el coro, se podría decir que estaba en el lugar recomendado para buscar una chica con planes serios, pero eso en realidad no garantizaba nada, mi falta de preparación y mi falta de claridad hicieron que entre en un amor ciego, del que todo permite y toda carga es posible para salvar la relación.
El segundo error: No conocí bien a sus padres, si, ese fue un gran error. Asumí que eran buenas personas y de buenos principios, pues es lo que siempre veía en la iglesia, sus padres también participaban en los servicios de los domingos, su mamá era muy buena amiga y se notaba que su manera de ser era genuina sin apariencias, pero no conocerlos bien antes de seguir avanzando en la amistad y cortejo fue algo que trajo muy serias consecuencias.
No pasaron ni 3 meses y comenzamos a ser enamorados y a salir solos juntos. Se muy bien que no existe una fórmula que diga la cantidad de tiempo que se necesita para iniciar una relación, pero si, 3 meses es muy poco y debimos ir con más calma. Ambos fallamos, pero no lo notábamos. La madre de ella siempre tuvo muy buenas intenciones con nuestra relación, me invitaba a su casa, a desayunar algunos sábados, a almorzar los domingos en familia, incluso me consideraba como invitado cuando ellos invitaban a otro amigo de la familia, yo era ‘el enamorado de la hija’ y era bien visto por todos.
Disfruté mucho de esos momentos, era un tiempo mágico para los dos, la comunicación fluía y nos entendíamos hasta en los mínimos detalles, pero me había apurado en avanzar rápido en la relación, y nadie lo notaba, todo parecía ir bien y en buen camino.
Me fui dando cuenta de que su timidez estaba muy arraigada en ella. Yo estaba bien; me gustaban las chicas tranquilas y su manera de ser no me daba la señal de advertencia que puedo percibir ahora, quizá porque yo también conservo cierta timidez y, como estaba enamorado, lo vi como una cosa linda que teníamos en común. Lo cierto es que ella guardaba heridas con sus padres que nunca las había sanado, y lejos de hablarlo conmigo, se volvió un completo misterio para mí, pues decidió no tocar nunca ese tema.
Poco a poco veía que sus papás se hablaban muy poco en casa, yo intuía que quizá habían cosas que no terminaban de arreglar entre ellos y eso hacía que mi enamorada guardase tantas cosas y que nunca quiso compartirlas. Hablábamos de cosas muy triviales y poco profundas, pero pasados unos meses, quise hablar de temas más profundos, de nuestros proyectos de vida, nuestros sueños y los desafíos a los que estábamos dispuestos a pasar.
Lo que yo buscaba era una conexión más profunda; quería, como todo hombre, que encontráramos, dentro de nuestros anhelos, cosas que podríamos hacer juntos. Me parecía fascinante la idea de lograr mis metas al lado de la persona a quien comenzaba a amar, pero, oh sorpresa, cuando quería hablar de ello, simplemente lo evitaba: decía que no sabía o que no tenía nada pensado para el futuro.
¿Te diste cuenta del error? Esa parte uno debe conocer antes de involucrar mucho los sentimientos, no luego, un hombre siempre debe estar al tanto y pensar varias veces acerca de la chica que está conociendo, se siempre precavido y observador, y debes estar preparado para frenar con todo apenas detectes algo que no engrana con tu esencia.
Entonces entendí que nuestra relación no estaba equilibrada. Yo asumí un rol donde trataba de sostener, motivar y empujar muchas cosas, mientras que del otro lado había procesos personales que no estaban resueltos. Eso hizo que, poco a poco, me sintiera desgastado y sin la tranquilidad y la paz que una relación necesita para continuar y crecer.
Recuerdo una vez que estábamos compartiendo un lonche en su casa. Un comentario de su mamá la afectó mucho y decidió apartarse; se fue a un lugar tranquilo a llorar. Su mamá intentó consolarla, y yo también traté de acercarme, pero entendí que era un momento muy personal y familiar, así que me despedí y me fui.
Con el tiempo, comprendí que ese tipo de situaciones reflejaban emociones profundas que aún no estaban resueltas, y que más adelante influirían en nuestra relación
El tiempo fue pasando y fuimos celebrando varios meses en nuestro día, el tiempo volaba, hacíamos actividades divertidas como toda pareja de enamorados, pero cada cierto tiempo se repetía el mismo patrón: ella se molestaba muy duro por cosas pequeñas, yo me sentía culpable por la forma cómo me trataba, entonces entendía que tenía que disculparme, luego de las disculpas ella simplemente cerraba el asunto y ya no quería volver a tocarlo, siempre se refugiaba en la idea de ‘ya lo olvidé, ya no nos acordemos de los malos ratos’.
Tardé mucho tiempo en entender que, en nuestra relación, cuando surgían conflictos, se repetía un patrón: ella se enfadaba, yo terminaba pidiendo disculpas, y luego el tema quedaba cerrado sin llegar a una conversación más profunda que nos permitiera entendernos y mejorar como pareja.
Poco a poco fui entendiendo que hubo aspectos de su niñez y adolescencia que no estaban resueltos, guardaba un rencor involuntario para con sus padres, era casi imperceptible pues aparecían como chispazos cada cierto tiempo y que influían en la forma en que vivíamos la relación. A veces eso se manifestaba en cambios de ánimo o reacciones intensas que yo no sabía cómo manejar. Sin darme cuenta, empecé a cargar con situaciones que no me correspondían, y fui dejando de lado mi propia paz con tal de no perder la relación. Con el tiempo, eso terminó desgastándome mucho.
Los padres son el ingrediente con el que los hijos se vuelven personas adultas, todas las instrucciones, enseñanzas, formaciones y direcciones que reciben los hijos de los padres, son en esencia, la principal fuente con la que los hijos se conducirán en el futuro.
Entonces, la mala instrucción o lo que es peor, la ausencia de ella, es algo muy pero muy dañino y negativo para la persona de quien nos enamoramos, se va acumulando desde la niñez y sale a la luz luego golpeando muy fuerte ¿sabes en quién? Si, en ti.
Siguiente capítulo: dudar de uno mismo, el comienzo del declive en la relacion