Dudar de uno mismo: el comienzo del declive en la relación

Serie: De la ruptura a la reconstrucción (Parte 2)

Mis dudas comenzaron siendo muy pequeñas, una pequeña discusión siempre es parte de una situación pasajera, todas las parejas tienen discusiones, y nosotros no éramos la excepción, pero aquí es donde radica el verdadero problema: no contábamos con una comunicación real, donde ambos estuviéramos dispuestos a escuchar, ceder y resolver juntos para recuperar el equilibrio. Todo hombre debe entender que los dos deben aportar a la solución, ninguna discusión por más mínima que sea debe quedarse a medio camino, sin un verdadero cierre y ajuste en ambos lados.

Absolutamente todas las parejas discuten, es parte natural de cualquier relación y, bien llevadas, incluso ayudan a entenderse mejor, el problema no es la discusión en sí, sino lo que se hace con ella, no todas las parejas saben aterrizar sus diferencias ni convertir ese momento tenso en una oportunidad de fortalecimiento, en mi caso las discusiones no llegaban a un cierre real, siempre quedaba algo sin resolver, una sensación incompleta que no me dejaba en paz, y al verla a ella afectada, inevitablemente yo también terminaba igual.

Y fue entonces donde comenzaron mis sentimientos de duda, ¿sabes cómo empiezan?, cada vez que decimos: ‘tal vez me falta entenderla mejor’, ‘quizá el problema soy yo, debo mejorar mi carácter’, ‘ella en el fondo es tierna, yo la conozco, simplemente hoy no es su día’, ‘le da un poco de vergüenza esta nueva etapa, por eso se enojó conmigo y con mi familia’ y lo que es peor: nada describe mejor la sensación que tenemos cuando estamos realmente enamorados de esa persona y queremos justificar una indiferencia o falta de respeto como consecuencia de que ‘algo hicimos mal’ entonces muchos hombres actuamos como si realmente mereciéramos ese trato.

Y es justamente lo que me pasó a mí, con el tiempo comencé a dudar de mí mismo, de mi necesidad de ser escuchado y comprendido, del buen criterio con el que había sido formado, mis buenos deseos y grandes expectativas que tenía para pasar una gran etapa de mi vida con mi pareja. De pronto ya no se podía poner límites, cualquier palabra para poder expresar mi incomodidad terminaba molestándola, al punto de que ya no podía molestarme yo, porque era peor.

Hubo una frase que yo me repetía a mi mismo en aquel tiempo: ‘ella puede molestarse conmigo y yo siempre soy quien busco la forma de que nos reconciliemos, si tan solo supiera todo lo que me cuesta cargar solo todo esto, pero, por otro lado, yo no puedo molestarme, si me molesto, ella se pone peor y todo empeora’.

No hay más señal clara de una gran advertencia de que la relación no irá bien más que esta: el día que decides ceder por llevar la fiesta en paz, ese día habrás perdido tu autoridad, tu esencia, tu confianza en ti mismo y tu respeto. Puede que no parezca tan dañino, pero la falta de aclarar las cosas en su momento es una separación inevitable. Y no me refiero a la separación de dar fin a la relación, sino a la que se vive aún estando con esa persona. Es por eso que muchas parejas viven juntas pero separadas, porque aprendieron a ya no seguir discutiendo con tal de estar todos en paz, hacer eso, créeme, es como tapar una herida sin primero sanarla, la consecuencia es que no serás un hombre libre, y te pesará mucho no poder serlo.

 Cuando dejas de confiar en ti mismo, comienzas a perderte, y ella también comienza a perderte a ti, por eso es muy necesario tocar el tema que no quedó cerrado así duela en el alma, y es que debe doler, es nuestra naturaleza humana, por eso siempre debemos observar cada detalle de las diferencias que tenemos en la relación. Yo muchas veces actuaba cediendo para no perderla, y ese ha sido y es un gran error que cometemos los hombres.

Te digo algo, el miedo a perderla es algo normal y natural que tenemos los hombres, pero no por eso vamos a actuar con insensatez, todo el sentimiento debe ser tratado con frialdad al punto de decir: pues bueno, es posible que te pierda, pero de aquí no podemos continuar juntos si primero no hemos resuelto esto.   

Llegamos al primer año de relación con heridas sin sanar, problemas no resueltos, discusiones no aclaradas, y decidimos olvidar en pos de alegrarnos por nuestro primer aniversario, creíamos que un nuevo año también vendría a ser un nuevo comienzo para ambos, sin embargo, la confianza en mi mismo ya estaba dañada, deteriorada y disminuida, esas pequeñas gotas de permisividad habían llegado a derramar varios vasos en mi corazón, y no tenía como repararlo.

Pasó un tiempo y recuerdo que cuando nos despedíamos luego de dejarla en su casa, yo volvía a mi casa cansado emocionalmente, me estaba desgastando y no me estaba dando cuenta. Intenté frenarlo, pero con la autoconfianza debilitada muy poco se puede hacer. Lo más que pude fue decirle que si no arreglábamos las cosas que nos dañaban, debíamos terminar. La reacción de ella fue que no quería ni arreglar las cosas ni terminar conmigo.

Fue entonces cuando decidí cortar con la relación, y no fue una vez sino varias, y en todas ella me pedía que reconsiderase todo y que volviéramos, había desarrollado una dependencia emocional muy fuerte conmigo al punto de que le aterraba la idea de separarnos. Debido a ello, siempre reconsideraba todo y lo daba por superado. Es ahí donde la relación para mí se volvió una verdadera carga, fue como iniciar un viaje sin saber el destino, cargando una maleta muy pesada, y sin siquiera reconocer que eso me iba a dañar aún más.

Siguiente capítulo: el gran salto al norte

1 thought on “Dudar de uno mismo: el comienzo del declive en la relación”

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