Manejando la frustración

Serie: De la ruptura a la reconstrucción (Parte 17)

Una vez dentro de esta nueva etapa en mi vida, llegó el momento de decidir cómo manejar los problemas, las malas noticias, cómo abordarlos y debía pensar en cómo restablecer la calma que poco a poco ya estaba obteniendo. Antes no me había pasado eso, cuando tenía alguna dificultad casi siempre actuaba en automático, pero tras una ruptura muy fuerte, se siente como que ahora depende de uno mismo hacia dónde giro el timón.

Una semana antes de que comience a trabajar en la planta procesadora de alimentos, por octubre del 2023, se presentó una oportunidad para comprar un carro, el cual lo podía pagar en cuotas mensuales acorde a mi presupuesto que poco a poco iba mejorando. Me recomendaron un amigo de ecuador que trabajaba como dealer en una empresa de venta de vehículos, y recuerdo que me gustó mucho el carro que me ofreció.

Era un Chevrolet Equinox del 2010, muy buen carro por fuera y adentro bien espacioso, kilometraje acorde a su año, llantas all-season, le funcionaba todo y sentí que apareció en el momento indicado.

Yo lo compré estando con mucha prisa por tener vehículo, lo necesitaba con urgencia para movilizarme y también para aliviar el transporte de mis hijos por la ciudad y para nuestros paseos. En aquel tiempo también me dedicaba a la compra – venta de herramientas en Marketplace, y como cada vez compraba más cosas y más grandes, pensé en que la maletera iba a quedar perfecta para ese tipo de traslados, incluso podré ofrecer el servicio de entrega a domicilio para poder ganar un extra, decía.

Resulta que comenzó a fallar al año de haberlo comprado, cuando lo llevaba a que lo revisen, no le encontraban nada, y ese era otro problema que me generaba frustración. Sentí que aquí en Canadá las empresas que revisan autos cobran demasiado para la poca información que uno recibe a cambio, y uno no tiene comunicación directa con el técnico que lo revisa, solo entregan un reporte técnico del diagnóstico del vehículo y la recomendación de repuestos a comprar.

Al inicio me dijeron que era por cambio de aceite, lo cual me parecía raro pues tenía su cambio de aceite al día, luego me dijeron que posiblemente haya fuga de aceite en algún punto, lo cual yo no entendía cómo podía ser esa posibilidad sin haberla detectado antes, de igual forma fui a que la revisen.

Luego me dijeron que el aceite se consumía demasiado rápido y que probablemente sea que el motor lo esté quemando, y ahí fue lo grave, porque nadie podía revisar el motor, y ese fue el otro choque cultural que tuve ya que en Perú ocurre todo lo contrario. Por lo general uno tiene conocidos que refieren buenos mecánicos de vehículos o talleres de mantenimiento donde uno sabe que le encontrarán la falla y su posible reparación, pero aquí no reparan el motor, porque si los cilindros están dañados, solo rectificarlos o ponerlos en la tolerancia adecuada cuesta igual que comprarse otro motor.

Entonces lo llevé a varios mecánicos latinos que tenían su taller en Winnipeg, y todos encontraban lo mismo: el problema estaba en el motor, pero lo más triste fue que me dijeron que la luz indicadora de falla de motor que debía prenderse en el panel, estaba apagada y cuando la revisaron, me dijeron que estaba anulada, es decir, habían forzado que siempre permanezca apagada.

Fui a hacer el reclamo a la empresa que me vendió el vehículo y no me dieron ninguna solución, presenté mi queja en el Manitoba Public Insurance que ve el tema de los vehículos y me di cuenta del engaño del que fui víctima: nosotros solo velamos por los daños del vehículo del motor hacia afuera, todo lo que ocurra dentro del motor es asunto únicamente del usuario.

Con el tiempo me fui quedando sin transporte, un día se detuvo por completo y nunca más volvió a prender, estaba por el downtown regresando de recoger un generador que lo había rentado. Se lo llevaron en una grúa a mi casa y me quedé sin poder hacerlo reparar. La única solución, me dijo un mecánico, es que le cambies el motor, pero sí me era costoso incluso con un motor usado.

Así que, otro amigo, que también es mecánico, me ofreció venderme un carro que recientemente lo había adquirido a un precio bastante cómodo, era un Ford Focus del 2006, me dijo que el mismo lo había revisado y que estaba en buenas condiciones. Lo compré y ahí se me fueron mis últimos ahorros que tenía en Canadá, no tenía patrimonio alguno y eso fue muy frustrante, encima con un carro malogrado el cual seguía pagando las cuotas.

Después de intentar hasta el cansancio con el dealer para que me dieran una solución respecto al Chevrolet, acordamos en dejar de pagar las cuotas y que ellos vendrían a llevarse el carro, y así fue. Dentro de todo lo que me costó, al menos ahorré casi un año de cuotas, pero lo que más me alivió fue que el parqueo podía volver a usarlo pues ocupaba espacio.

Esta mala experiencia me trajo una gran lección: las cosas no se van a solucionar frustrándome, esté en paz o no, la vida sigue, nada cambia a no ser que yo mismo le de algo positivo a todo. Y ahí fue donde vino esta gran verdad: cada vez que te ocurra algo, por más terrible que sea, solo di: ‘pudo ser peor’.

Te darás cuenta que en realidad fue bueno porque no ocurrió algo peor. Cuando pierdas ocho mil por algo que no pudiste controlar a tiempo, recuerda que pudo ser diez mil, o doce mil. El dinero es relativo, lo material siempre va a poder reconstruirse y reemplazarse, y hasta por algo mejor. Solo hay que mantener la calma y si no la tenemos, pedírselo a Dios, que Él nos ayude a enfrentar el caos que nos toca en su momento.

Si crees que con el segundo se acabaron mis problemas de transporte, espera a ver lo que me pasó. Cierto día regresaba de pasear y conocer algunos lugares al noreste afuera de Winnipeg, y literalmente fue como si el carro esperó a que llegara a la casa para terminar de fallar. Ya no prendía y el día siguiente tenía que ir al trabajo. Llamé al mecánico y me dijo que posiblemente era el alternador, pero por si acaso compré batería nueva pensando que quizá sea eso.

Con batería nueva instalada me fui al trabajo y en media avenida se volvió a apagar el carro, con la inercia logré estacionarlo en la berma lateral y llamé a varios mecánicos, el único que pudo vino con su booster, y me dijo que lo llevemos a su taller. El capó no cerraba debido al booster, así que lo llevé con cuidado para que no se levantara cuando de pronto llegó un viento fuerte directo al carro, levantó por completo el capó delantero y chocó fuerte contra el parabrisas delantero rompiéndolo de lado a lado.

Ahora tenía un auto con falla en el alternador, con el capó delantero abollado, el parabrisas roto y la antena de radio que solo sabe Dios a dónde fue a volar. Créeme, eso ya era para llorar, pero una vez más, entendí que la vida seguía.

Una de las cosas que me encantan de Canadá es que a nadie parece importarle tu vida, en el buen sentido, es decir, si te ocurre algo malo en la vía, nadie aparece de curioso, nadie hace comentarios, nadie toca su claxon, todos entienden que alguna falla debe tener tu carro y siguen su camino, a todos les pasa. Incluso algunos se detienen a ayudar, pero los que no se involucran, son extremadamente reservados y eso es algo que me agrada.

En mis 4 años que llevo aquí he visto choques, autos que se descarrilaron y se voltearon (sobre todo en el invierno), y nadie se detiene siquiera a ver lo que ocurrió. Si alguno ayuda lo hace en lo que puede y rápido llegan la ambulancia y la policía, pero nadie se detiene a ver lo que pasó. Y es que es así, ¿alguien resultó herido?, ya lo llevarán en ambulancia, ¿el carro se dañó mucho?, ya lo llevará la grúa. Practicidad en todas sus formas.

Y es esa forma de vivir de los canadienses de la cual aprendí a superar las frustraciones que tuve con mis carros. Todo sigue su curso, y para todo hay una forma de solucionarlo. Todo se reparó, se pagó lo que se tuvo que pagar y se ahorró donde se pudo.

Para el capó delantero solo pude conseguir otro en un junk yard, pero era blanco. No pasó nada. Mi auto era plomo claro, así que terminé diciéndome: “buena combinación”.

Llegar a casa, sano y salvo, ver a tus hijos jugar tranquilos, salir al parque a jugar fútbol, cenar viendo una película y descansar tranquilo, eso sí es oro, eso sí es ser afortunado, todo lo demás, es solo parte de la vida que, como dije antes, si no puedo controlarlo, de nada sirve la frustración. Encomienda a Jehová tu camino, y confía en Él, y Él hará. Salmos 37:5.

Siguiente capítulo: Claridad

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