Hoy por la tarde se lanzó al espacio la primera nave tripulada hacia la luna en décadas, pero, ¿sabías que el viaje no comenzó hoy? De hecho, los cuatro no comenzaron su viaje hoy, en realidad ya estuvo en sus mentes desde hace mucho tiempo atrás.
Ellos no solo marcarán un hito en la historia de la exploración espacial moderna, sino también toda una etapa que marcará sus vidas para siempre. Desde la preparación y el entrenamiento, hasta esa fuerza enorme que los empujó hacia el espacio de una manera ininterrumpida que sólo podrán vivirlo ellos. Pero todo esto en realidad comenzó con un gran silencio, como todos los que nos planteamos un buen proyecto y todo sigue siendo igual.
Tomemos por un momento el caso de Reid Wiseman, el astronauta comandante de dicha misión, ha pasado por años enteros sin aplausos, sin entrevistas ni fotos suyas en las noticias, pasó por mucho tiempo en el anonimato, con días normales, rutinas repetidas, aburrimientos y muchas decisiones pequeñas. Las cámaras no estaban en él. No despertó un día siendo astronauta, se convirtió en uno.
Lo que vemos en internet y en las noticias es solo el resultado de años de persistencia, así como cuando vemos a un corredor olímpico lograr el oro en su carrera final, pero no vemos toda la disciplina que tuvo que tener para entrenar y llegar a ese nivel, todo lo que tuvo que pasar para clasificar, muchas veces solo vemos el resultado de las personas exitosas, y así como la nave espacial Orión que los lleva a la órbita lunar, un conjunto de sistemas con mucha ingeniería aeronáutica integrada dentro de sí, con muchas pruebas y errores desde la fase de diseño, así también es lo que vemos en los cuatro tripulantes y en especial en Reid Wiseman.
El camino para ocupar un lugar en dicha nave ha sido una serie de pequeñas decisiones diarias, son esas decisiones las que marcan la diferencia entre las personas que llegan lejos y las que solamente observan detenidas en un punto en sus vidas sin poder avanzar. Decisiones como: hoy no voy a rendirme, hoy trabajaré en mi proyecto aún así no tenga motivación, seguiré adelante a pesar que nada tiene sentido. Muchos admiran el resultado, el estruendo de la nave que se lanza al espacio, la nube de vapor, los propulsores, la estela que va dejando a su paso, pero pocos se detienen a entender el proceso y todo lo que costó llegar hasta ahí.
Todas ellas son pequeñas decisiones que podemos hacer día tras día, Reid Wiseman también las tomaba, en medio del fracaso, de los años malos, de los intentos fallidos en medio del dolor, de las veces en las que uno siente que tiene todo el viento en contra, pero por alguna razón, el enfoque y la determinación hacen que ahora cumpla con los objetivos de una misión espacial sin precedentes.
Vuélvete el comandante de tu propio proyecto, navega tu Orión, el momento es hoy, despegarás con mucha fuerza, solo cree que ya estás ahí.
El verdadero despegue no es hacia la luna, es hacia una nueva versión que todavía crece en ti.