Cuando ya no puedes más, el poder de la oración

Un día llegué a casa después de mis clases de la universidad, vi a mi madre conversando con mi hermano mayor, yo escuchaba y apenas entendía un poco, hablaban de un viaje, luego fui entendiendo que se trataba de un viaje de trabajo, mientras yo continuaba con mis asuntos. Eran esos tiempos donde solo me preocupaba por pasar las materias difíciles de mi primer año en ingeniería mecánica. Con el tiempo fui entendiendo mejor, mi madre y mi hermano se enteraron de un programa de work and travel que llevaban estudiantes universitarios a trabajar a Estados Unidos durante los meses de diciembre a marzo, que justo encajaba con las vacaciones universitarias peruanas y el invierno norteamericano.

Mi hermano comenzó su postulación y yo estuve con la alegría de que mi hermano iría a trabajar allá, yo andaba en mis asuntos cuando cierto día mi madre me dice: Diego, tu también deberías postular, no tuve mucha emoción pues no tenía muchas ganas al inicio, pero con el tiempo fui asimilando la idea y terminé animándome.

Debo reconocer que prácticamente me hicieron postular, mi hermano y mi madre me ayudaron con el file y yo solo recuerdo que le puse el mínimo de empeño, llegó el día del examen de inglés y nos dijeron que sólo podrían viajar quienes hayan aprobado dicho examen, la calificación era del 1 al 7 y la nota mínima era 4. Mi hermano, un experto en el idioma inglés pasó el examen con la máxima nota, luego me tocó dar a mi el examen y saqué el mínimo, es decir 4. Éramos los dos extremos en las notas de inglés de ese proceso.

A los que habían sacado 6 y 7 les dejaban escoger el Estado al que querían ir y también el puesto laboral, pero los que sacamos 4 y 5 no podíamos escoger, solo íbamos a donde había vacantes. Recuerdo que mi hermano me dijo que vayamos a sitios distintos, lo cual acepté, el escogió un resort en Utah y a mi me tocó el supermercado Publix en una isla al sur de Florida, todo estaba casi listo, solo faltaba la entrevista en la embajada de Estados Unidos en Lima.
Viajamos a Lima con las expectativas al tope, llegamos puntual, repasábamos lo que suponíamos que nos preguntarían y también lo que nos dijeron según nos prepararon por la agencia del work and travel. Recuerdo que fui el primero en entrar a la entrevista, y la verdad es que al vice cónsul no le entendí casi nada, yo solo respondía con ‘yes’ y ‘ok’, yo era el menos indicado para pasar una entrevista como esa, al final me preguntó cuales iban a ser mis labores en Florida, y dentro de mi dije: esa si sé, pues es lo que me habían dicho que preguntaban y le dije que iría para trabajar en Publix Supermarkets como stock Clerk. Luego de una breve pausa me pidió mi pasaporte y me dio un comprobante y me dijo que eso era todo, que ya podía retirarme.

Cuando salí de las oficinas, un vigilante me preguntó si tenía mi pasaporte y le dije que no, entonces me dijo: felicidades, te han aprobado la visa, yo no lo podía creer, ese día fue el inicio de algo muy especial que marcó mi vida. Yo dentro de mi dije, si yo sin saber mucho inglés he sido admitido, mi hermano será admitido mucho más rápido que yo. Pero a veces en la vida pasan cosas muy opuestas a lo que uno se imagina, por alguna razón a mi hermano le rechazaron la visa, y mi alegría por viajar fuera del país solo duró muy poco, mi hermano era quien inició el proceso, el fue quien me avisó del programa, también el fue quien alistó mis documentos y los puso presentables, y fue rechazado en la embajada, aquel fue un día muy triste.

Pasó un poco más de tiempo y llegó el día en que haría ese gran viaje, simplemente no podía creer cómo se dieron las cosas, salí elegido siendo de quien menos esperaban que viajase pues ni yo mismo confiaba en que se iba a lograr. Una vez en Miami, nos recogió la manager de Publix Supermarkets quien nos trasladó a Marathon Key, la isla donde tengo hasta hoy muy bonitos recuerdos.

Al inicio todo era novedoso y de mucho agrado hasta que la economía comenzaba a golpear, me di cuenta de que sin un segundo trabajo, poco iba a poder ahorrar pues había que devolver lo invertido a mis padres. Comencé a postular a varios trabajos y en ninguno lograba entrar, anduve muy triste porque el tiempo se pasaba y no podía conseguirlo, veía mis amigos cómo conseguían su segundo trabajo y sentía que solo faltaba yo, apliqué en sitios donde incluso no estaban contratando y les dejaba mis datos por si se animaban a contratar.

Hubo una tarde en la que estaba bastante triste, estaba cansado de intentar, ya había pasado un mes de los tres meses de mi estadía, manejaba mi bicicleta y sentía que me estaba desanimando de haber venido tan lejos sin poder ahorrar mucho, fue ahí donde hice una oración en voz alta y la pedí a Dios que me diera un segundo trabajo, que estaba solo en este país, que quería ahorrar, no solo trabajar. Así como muchas sorpresas con las que Dios nos sorprende, al día siguiente busqué bien en el pequeño Marathon y me di cuenta que había una tienda que aún no había ido, estaba justo al costado de Publix, se llamaba K Mart.

Fui a K-Mart casi sin ganas, como diciendo: es mi último intento, tal parece que el puesto me estaba esperando. Llené un formulario digital sin saber cómo llenarlo, solo me guié de mi sentido común, luego me dijeron que pase a la entrevista con la manager. Entré a la oficina y me recibió una señora tan amable y sonriente, prácticamente me dijo que estaba feliz de que yo haya venido a postular pues justo le faltaba uno para el área de check out como cashier. Nuevamente no lo podía creer, salí a mi departamento diciendo ¿eso es todo?¿ya estoy contratado?¿ya tengo segundo trabajo?. Ese día me dormi con una tranquilidad difícil de explicar. Finalmente pude hacer ahorros en una empresa que encajaba perfectamente con mis horarios libres y hasta tenía días libres en ambas empresas para ir a visitar sitios alrededor.

Aquella fue la oración respondida en medio de mi tristeza, pude generar ahorros suficientes para todo lo que necesité, y pude volver tranquilo a Perú, con una experiencia de oración vivida de inicio a fin.

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