El peso de una vida que se rompía a pedazos

Serie: De la ruptura a la reconstrucción (Parte 5)

Todos los migrantes tenemos una historia que la hace única; las circunstancias que se presentan y las cosas que van apareciendo en el camino son vivencias que hacen de cada uno una historia que forma parte de nuestras primeras etapas como migrantes. Algunas historias son muy agradables y otras no tanto. En mi caso, diría que fue un verdadero huracán lo que me tocó vivir.

Hasta inicios de enero del 2022 yo era un estudiante internacional del Red River College, era una persona que venía de Perú con muchos sueños y expectativas para verme crecer no solamente a mí sino a toda mi familia y en todos los aspectos. Mi experiencia como ingeniero mecánico, sumada al diploma de dos años de Data Science and Machine Learning, se convirtió en la cúspide de mi vida profesional, pues nunca imaginé estudiar en Canadá algo que podría complementar muy bien mi carrera y me brindara mejores opciones laborales y profesionales.

El plan, como el de muchas familias, estaba trazado: queríamos ser residentes permanentes canadienses, el esposo estudiaba, la esposa con permiso de trabajo abierto, el primero que lograba reunir los requisitos migratorios para la nominación provincial se postulaba primero para ganar tiempo. En mi caso, contaría con 3 años de post graduate work permit por si la postulación a la residencia iba a través mío, teníamos una cantidad de tiempo suficiente con todos los permisos migratorios.

Pero todo eso se vino abajo en febrero del 2022, cuando se rompió mi matrimonio. Todos los sueños de lograr todo ‘juntos’ se quebró y para mi fue un gran golpe que no podía soportarlo, mucho menos adaptarme a ese cambio.

Yo había terminado el primer semestre de college con un buen promedio, tenía 4.3 de GPA y había recibido un premio al esfuerzo académico de 500 dólares, yo estaba muy contento con el logro, esos $500 se fueron directo a los gastos de la casa, para mi siempre ha sido y será un honor proveer a mi hogar, estaba entrando al segundo semestre cuando comenzó mi separación.

El día siguiente a nuestra ruptura cayó domingo, ella no quería ir a la iglesia, así que fui solo. Desde que comenzaron las alabanzas yo no paraba de llorar, me dolía muy fuerte el pecho mientras leía las letras de las canciones y al mismo tiempo me preguntaba cómo pudo sucederme todo esto, recuerdo que me tocó muy fuerte esta parte de una canción:

To this I hold, my Shepherd will defend me
Through the deepest valley, He will lead
Oh, the night has been won, and I shall overcome
Yet not I, but through Christ in me

En ese punto mi corazón y mi alma ya no daban más así que salí del templo llorando mucho, uno de los ugieres me vió y se preocupó un poco, me abrazó y me dijo si había pasado algo que yo deseara contar. Yo solo lloraba, con otros hermanos de la iglesia me llevaron a un auditorio mientras me consolaban y me daban ánimos, cuando de pronto vino uno de los pastores principales de la iglesia, llamado Len. Solo recuerdo que me abrazó fuerte con una compasión que no podía expresarla en ese momento, y yo lloré tanto que dejé su camisa muy mojada con mis lágrimas.

Luego de unos minutos, mientras me calmaba, recién pude decirle lo que me estaba pasando, y otra vez volvía a llorar. Le decía: ‘mi esposa me ha dicho que ya no me ama’. Quizá el pastor en ese rato no entendía la magnitud de lo que realmente estaba ocurriendo, pero estoy seguro que vio reflejada la gravedad en la forma como se lo dije, entre tanto llanto y quebrantamiento. Me ayudaron, el pastor oró por mí, me sentí muy querido en ese momento. Aquel día sentí hundirme por completo hasta muy al fondo de un abismo, pero al mismo tiempo entendí que Dios envía a sus siervos con una misión muy especial para estos casos.

Los días siguientes me iba al college por las mañanas con el corazón roto, confundido y deprimido, las calles de Winnipeg desde el bus ya no tenían el encanto con el que las admiraba, todo era muy tétrico. Sentía que algo terriblemente mal nos estaba ocurriendo y yo no lo podía detener. Es terrible para un hombre salir de la casa a hacer sus labores, sabiendo que su esposa se está viendo con un hombre con el que se ha involucrado sentimentalmente, yo me rehusaba a aceptarlo y creía que muy en el fondo de ella, aún me seguía amando, pero eso era parte de mi renuncia a aceptar la realidad.

En las clases no podía concentrarme bien, pero tenía que hacerlo, en media clase me daba ganas de llorar y me aguantaba para que nadie note por lo que estaba pasando. Durante los recesos no comía y trataba de avanzar con las tareas y proyectos para distraer la mente. Pero a cada momento, se me nublaban los ojos, pensaba en mis niños cómo les estaría yendo en el daycare y en el colegio, me dolía en el alma imaginar que ellos no sabían nada de nuestros problemas. Aun así, sus sonrisas dibujadas cada vez que me veían cuando iba a recogerlos, era lo más hermoso que podía sentir, eran mi razón para seguir adelante.

En casa, ella ya no me hablaba, llegaba del trabajo sin saludar, con una gran falta de respeto hacia mi persona, yo la saludaba y no me dirigía la palabra, yo avanzaba todo lo que podía con las cosas del college y atendía a los chicos, jugando con ellos apenas se podía. Nunca supe de dónde sacaba fuerzas para hacer todo ello, pero creo que es amor de padre. Esa amargura fue muy fuerte vivirla para mí. No podía irme de la casa a vivir a otro lado, porque no quería separarme de mis hijos, y tampoco quería decirle a ella que se vaya porque yo aún la amaba, así que tuve que pasar meses enteros soportando a una persona extraña en mi propia casa., en un ambiente hostil y en medio de una manipulación muy dañina para mi vida.

Las noches eran muy dolorosas, cuando estábamos en la cama, ella simplemente se envolvía en las sábanas y no me dejaba que me acerque a ella, no toleraba una sola palabra mía, y ante la impotencia, hubo días que me iba a dormir a la sala, estaba tan triste que me quedaba dormido en la alfombra, solo con una almohada. Recuerdo que lo más bello que me ocurrió durante ese tiempo fue despertar un día y ver a mi hijo Caleb recostado a mi lado durmiendo. Se había despertado a medianoche para buscarme en mi cama, y al no encontrarme, fue a buscarme a la sala entre sueños y se recostó a mi lado hasta el amanecer.

En medio de todo ese dolor, ese pequeño gesto fue un refugio. Sin decir una sola palabra, mi hijo me recordó que aún tenía una razón para levantarme cada día, incluso cuando todo dentro de mí estaba roto.

Todo eso fue solo el inicio. Lo que yo creía que era el punto más bajo de mi vida, en realidad era apenas el comienzo. El Diego de aquel entonces estaba siendo golpeado en lo más profundo de su ser, pero todavía no entendía la magnitud de lo que estaba por venir. Como si el huracán recién estuviera tomando fuerza…. y yo sin saber cuánto duraría.

Siguiente capítulo: el dia que se fue

1 thought on “El peso de una vida que se rompía a pedazos”

  1. Pingback: El momento en que todo colapsó – fortalezadeacero.com

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