Los sueños

Serie: De la ruptura a la reconstrucción (Parte 12)

Desde el momento de mi separación, durante un lapso de aproximadamente dos años, comencé a tener sueños muy peculiares. No eran sueños simples, de esos en los que el cerebro rebobina lo que hiciste durante el día, ni tampoco sueños que nacen de preocupaciones cotidianas o imágenes abstractas. Eran sueños distintos, mucho más vívidos de lo que había experimentado antes.

En mis momentos de mayor dolor, me costaba quedarme dormido. Me acostaba con una tristeza profunda y con el deseo constante de que todo lo que estaba pasando no fuera real.

Cierta noche soñé que nos habíamos reconciliado y que habíamos vuelto a enamorarnos. Dentro del sueño sentía una dulzura inmensa, como si todo lo malo y tormentoso que había vivido finalmente hubiera quedado atrás. Agradecía a Dios, convencido de que estaba frente a un nuevo presente, una nueva etapa para ambos. Estábamos sentados en una banca; ella miraba hacia el horizonte, callada y un poco tímida.

En un momento quise abrazarla. Al verla así, sin decir nada, intentaba transmitirle que todo había pasado, que podíamos empezar de nuevo. Pero no me salían las palabras. Pasados unos instantes comencé a despertar, y esa sensación de dolor es difícil de explicar. Tenía muchas ganas de volver a ese sueño, de que esa fuera la realidad y no esta. Me daba tanta pena que terminaba llorando, entendiendo poco a poco que nada de eso había pasado, que simplemente se trataba de un sueño.

Otra noche soñé nuevamente que habíamos vuelto, pero esta vez ella me explicaba que había quedado muy dañada y dolida por todo lo que había pasado, y me pedía que le tuviera paciencia, que la ayudara a superar todo. Yo me rendía completamente al cariño y le decía que no había de qué preocuparse, que le iba a tener toda la paciencia del mundo y que todo ya estaba perdonado. Tal como ocurrió en el sueño anterior, comencé a despertar otra vez con tristeza, al darme cuenta de que se trataba de un nuevo sueño.

Y así tuve varios otros sueños similares. En la mayoría de ellos se repetía el mismo patrón: habíamos vuelto, acabábamos de pasar momentos dolorosos en nuestra relación y ambos estábamos dispuestos a reconciliarnos. En algunos, ella apoyaba su cabeza en mi hombro, y la sensación de ternura y alegría era difícil de describir. Quería decirle que podía quedarse así, que podía apoyarse en mí, pero por tanta emoción no me salían las palabras, y poco a poco comenzaba a despertar.

Normalmente uno tiende a olvidar lo que soñó, pero aquellos sueños eran imposibles de olvidar y me dejaban triste durante todo el día.

En algunos también veía que estábamos los cuatro juntos, compartiendo momentos felices; a veces en el departamento, otras de paseo. Dentro del mismo sueño pensaba que no podía creer que todo hubiera vuelto a la normalidad, pero al despertar, la tristeza, la nostalgia y la angustia volvían a invadirme.

En todo ese tiempo, mientras recibía la consejería de Norwest, el acompañamiento del pastor de mi iglesia en Winnipeg y el apoyo emocional de algunos amigos peruanos, aquellos sueños seguían apareciendo. Siempre traían los mismos momentos: tranquilidad, cercanía, la sensación de que todo estaba bien… y luego el despertar.

Durante un tiempo se me cruzó la idea de que quizá eso significaba que lo nuestro se iba a restablecer, pero poco a poco esa idea fue perdiendo fuerza.

Recuerdo que llegué a preguntarle a Dios por qué permitía que tuviera esos sueños, porque esa sensación me lastimaba profundamente. Cada mañana me despertaba intentando enfocarme en lo que tenía que hacer, distrayéndome con los quehaceres y las labores del día a día. Después de un año y algunos meses, los sueños comenzaron a cambiar. Cuando soñaba, ella ya no estaba ahí; me encontraba solo, y en algunas ocasiones con mis hijos, realizando actividades simples como paseos o saliendo de viaje.

Con el tiempo, esto también fue para mi una señal, de que algo muy fuerte me había ocurrido, fue un tipo de separación que no me dejaba dormir en las noches y cuando lo hacía, despertaba con los ojos rojos y los párpados inflamados, como si no hubiera descansado a pesar de que estaba bastante agotado por el trabajo y por el día a día.

Siguiente capítulo: un nuevo comienzo

1 thought on “Los sueños”

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