Contra todo pronóstico

Serie: De la ruptura a la reconstrucción (Parte 10)

Mi situación migratoria en Canadá era por demás compleja y llena de problemas. Había dejado los estudios del college, por ende tenía ya un incumplimiento grave con la oficina migratoria que me ponía en riesgo de no obtener la residencia permanente. Por otro lado, estaba trabajando full time, acogiéndome al derecho de que los estudiantes internacionales aún podían trabajar más de 20 horas a la semana. Y aunque tenía mis permisos de estudio y trabajo aún vigentes, estos tenían un tiempo de duración, y yo no sabía cómo hacer para continuar en Canadá trabajando legalmente.

Esto hizo que consultara con varios abogados migratorios, y todos me decían lo mismo, que mi situación era bien compleja y que trate de ampliar mis permisos hasta obtener alguna confirmación de la residencia. Y ese era el problema, mi ex esposa cortó toda la comunicación conmigo, lo único que me dijo respecto a esto fue: ‘vamos a sacar adelante la residencia y una vez obtenida, cada uno vivirá por su cuenta’.

Dado que ella fue quien reunió primero los requisitos migratorios para la nominación provincial, fue ella quien postuló y eso la hizo la aplicante principal de los cuatro. Yo era el aplicante principal cuando vinimos de Perú, dado que así lo determina el gobierno para el que es el estudiante internacional, pero para la nominación los roles cambiaron y ahora ella lo era.

Eso me afectó profundamente, porque desde ese momento cortó toda comunicación conmigo sobre ese tema. Su silencio se volvió una barrera constante, y cada vez que intentaba obtener una respuesta, solo recibía evasivas: que no sabía nada, que ya había presentado los papeles. En medio de todo lo que ya estaba viviendo, esa incertidumbre terminó por intensificar aún más mi angustia. Estar en un país como residente temporal, sin claridad sobre tu situación ni acceso a información básica sobre tu propio proceso, es una sensación difícil de describir; es vivir con el futuro suspendido, sin poder tomar decisiones ni encontrar estabilidad.

Eso aumentaba mis ganas de querer volver a Perú, pero las puertas se me cerraban una a una todo el tiempo. Pasaron unos meses y me dijo que ya habíamos sido nominados por la provincia, y que ahora debíamos postular a la residencia permanente. Para ello me pidió unos documentos que estaban en mi cuenta del IRCC, y yo me negué a dárselos. Me armó un escándalo horrible en la casa, al punto que se paró en el marco de la puerta del cuarto donde yo estaba y no me dejaba salir de él.

Yo sabía muy bien que el mínimo contacto físico con ella podría ponerme en riesgo si ella lo usaba en mi contra y me acusaba de agresión física, por lo que le dije: ‘yo no te voy a tocar, pero si no me dejas transitar en mi propia casa, voy a tener que llamar a la policía’. Y es lo que hice. Llamé al 911 y ni bien me contestaron, ella se escapó de mi casa. La escena era terrible para los niños, que se quedaban nuevamente llorando desconsolados.  

De alguna ella se las arregló para obtener esos documentos, creó una cuenta nueva y procedió con generarlos y mantuvo la presentación de los documentos para la residencia dentro de los plazos establecidos.

Se envió el expediente para los trámites federales a fines del año 2023, y mis permisos tanto de estudios y de trabajo vencían en julio del 2024. En marzo del 2024 ella me dijo que estaba tramitando las ampliaciones de los permisos de ella y de los chicos, y yo le dije pedí que aprovechara en solicitar ampliación del mío más. Mi gran error fue confiar en que lo iba a hacer, pero ella mantuvo silencio, a pesar de que le pedía su confirmación de si ya lo había hecho, sino para hacerlo yo mismo.

Pero no fue hasta inicios de julio del 2024 cuando recién me dijo que no había pedido ampliación de permisos para mi, me dijo que no lo hizo por recomendación de su abogada. Yo estaba nuevamente consternado y preocupado por mi situación migratoria, ya que, de regresarme al Perú por vencimiento de permisos, iba a tener que hacerlo solo, sin los niños, y eso no me lo podía permitir pues no quería separarme de ellos.

Fue así que, después de varias consultas con más abogados migratorios, un día me propuse solicitar ampliación de mis permisos lo cual no fue nada fácil. Comencé a llenar unos formularios y averiguaba, buscaba la forma de cómo aplicar a la extensión, estando en esa situación, y sin querer, llegué al final de la solicitud donde estaba quedando todo listo para enviar, y lo envié.

Eso fue un día antes de que vencieran mis permisos, yo estaba asustado ya que me enteré que en la empresa donde trabajaba, despidieron a una trabajadora por permisos vencidos. Al poco tiempo, en unos cuatro días, me llegó una carta del IRCC diciéndome que habían procedido con mi ampliación, me habían dado ocho meses más, y yo no lo podía creer. Esta vez podía trabajar a tiempo completo sin depender de mis estudios, por alguna razón entendieron mi caso, no se cómo, solo se que fueron oraciones respondidas.

La respuesta de la residencia era lo que más andaba esperando en aquel tiempo, habíamos pasado examen biométrico en marzo del 2024 y, según me decían algunos amigos, faltaba poco para que me dieran respuesta. El problema es que yo seguía sin saber si iba a ser considerado en el expediente que envió mi ex esposa, ya que, había la posibilidad de que, al estar separados, yo quedaba fuera del proceso y no me quedaba otra opción que postular a la residencia por la vía del Humanitarian and Compassionate Program, lo cual era más extenso y más costoso.

Pero así como los milagros de Dios vienen de manera inesperada, en la primera semana de agosto me llegó un correo que decía que el proceso para la residencia estaba casi terminado, que debía enviar una información adicional, luego de eso, otro correo pidiéndome fotos de mi y de los chicos. Recuerdo que ese día fui corriendo con los chicos a Shoppers a tomarnos fotos, yo estaba muy emocionado.

Finalmente estaba a un paso de obtener la residencia permanente canadiense, me ponía a pensar en todas las veces que quise volver a Perú sin poder lograrlo, todas las oraciones de súplicas a Dios pidiéndole que me permita volver a Perú con mi familia para poder recuperar mi matrimonio.  Y fue ahí donde recién entendí que Dios tenía un plan conmigo en Canadá, y un plan con los chicos, que ir a Perú no iba a ser la solución a los problemas, porque la solución no estaba en un país, sino dentro de mí, en mi completa sanidad y reconstrucción personal.

Un 20 de agosto del 2024, casi exactamente a dos años de haber llegado a Canadá, estaba recibiendo mi tarjeta de residente canadiense, fue un día soleado, en el parque de Saint Vital, después de una competencia de cross country de mi hijo mayor. Di un respiro muy pero muy profundo, y me regresé a casa con una sensación de alivio y agradecimiento a Dios.

Fue una residencia que se realizó en medio de un completo caos matrimonial, desde el inicio se envió todo con direcciones separadas y con status civil de separados, yo incumplí mis obligaciones saliéndome de los estudios, ella tenía varios reportes policiales, nuestro expediente tenía todo lo que un oficial de inmigración necesitaría para observarlo y denegarnos la residencia, pero ocurrió todo lo contrario y en un tiempo récord.

Y fue ahí, mientras miraba mi tarjeta con mi fotografía impresa y que decía: Canadian permanen resident, que mis ojos comenzaron a nublarse entre una nostalgia mezclada de alegría y dolor al mismo tiempo. Y con un mensaje como diciéndome: aquí comienza tu reconstrucción, Diego, en este país, en este lugar, y ahora.

Siguiente capítulo: en estado de alerta

1 thought on “Contra todo pronóstico”

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