Serie: De la ruptura a la reconstrucción (Parte 9)
Por aquel tiempo, mientras trabajé en la empresa de reciclables y la de bodegas de almacenamiento, quería con todas mis fuerzas parar con todo lo que estaba ocurriendo, y una de las cosas que quizá lo harían, era volver al Perú. En mi ignorancia, se me cruzó por la mente la idea de que había esperanza para mi matrimonio allá, decía: ‘quizá si volvemos todos voy a recuperarla’. Sin saber que todo eso era falso, nada iba a cambiar las cosas que ya se habían roto aquí.
Le dije en reiteradas ocasiones que volviéramos al Perú, que yo no había venido a Canadá para vivir todo esto, y que esto escapaba al plan que teníamos de construir una vida aquí juntos. Pero, por razones obvias, ella siempre se negaba. Yo le decía: si vamos a separarnos, separémonos en Perú, y allá reiniciamos nuestras vidas separadas, pero nada de eso servía, era inútil, como lo dije anteriormente, era como hablarle a una piedra.
Un día que estábamos en mi casa, le dije que quería ir de visita al Perú con los niños, y en un arranque de ira me respondió desesperada: ‘si quieres ir pues corre, llévatelos, yo no tengo problemas’. Para ese entonces ella ya se había llevado los pasaportes, y le andaba pidiendo, pero nunca me los dio, se arrepentía, lloraba, me decía que yo era capaz de ya no volver con los niños de Perú, y toda su histeria y su actitud manipuladora volvían de nuevo haciéndome sentir como el malvado o mal intencionado.
Agotado y golpeado anímicamente de todo esto, mi amiga abogada chilena me dio el contacto de NorWest Co-op Community Health, y ahí fue, cuando comencé a tener una especie de terapia emocional muy favorable que recibí por parte de ellos. Me programaron citas telefónicas con una persona muy amable. Recuerdo que en la primera llamada, yo estaba paseando en mi bicicleta, fui a Saint Boniface, a la parte donde está la rivera del Red River, y me senté junto a unas gradas.
La señora me dijo que le cuente lo que estaba ocurriéndome, fue tan bueno para mi sentirme escuchado, terminé fortalecido y un poco mejor. Recuero que al final de la conversación, la señora me preguntó: Diego, ¿Qué es lo que quieres en este momento?, y yo le dije: ‘justicia’. No sabía como expresarle todo mi dolor y frustración, no tenía cómo decirle que habían tantas cosas trabadas en mi corazón y en mi mente que ni yo alcanzaba a entenderlas ni mucho menos expresarlas, pero la señora me comprendió, y eso me ayudó mucho.
Luego me dieron el contacto de otra persona también de NorWest la cual iba a ayudarme en los pasos para mi tema legal, a través de ella fue que solicité abogado por parte del Legal Aid de Manitoba, y me lo dieron debido a mis bajos ingresos. Me dijeron que lo mejor era iniciar un procedimiento legal de separación, para que todo vaya en orden, que era algo muy necesario, de otra forma, me dijeron, ella podría argumentar cosas que no hiciste para poder perjudicarte.
También recibí el contacto de ANCR, un brazo de la institución Child and Family Service (CFS) por si ocurría algo extraño que perjudicase a los niños. Y vaya que me dieron ese contacto en el momento preciso.
Resulta que después que mi ex esposa se fue de la casa, a fines de Junio del 2023, les hizo creer a los chicos que se había ido a vivir donde una amiga del trabajo, que no se sentía cómoda viviendo en casa, los chicos, completamente confundidos, consternados y con el corazón roto, solo lloraban sin encontrar una explicación. Yo los abrazaba y los consolaba, para no caer en hablar mal de su mamá, solo les decía que debíamos respetar su decisión.
Ella venía a la casa a ver a los chicos de manera intermitente durante dos meses, y luego me envió un mensaje diciéndome que ya había encontrado un lugar donde vivir y que quería vivir la mitad de la semana con los niños. Yo dentro de mí no le creía que vivía con su amiga, para mí siempre estuvo viviendo con el hombre con el que decidió rehacer su vida por todas las evidencias que relaté en el capítulo: el momento en que todo se rompio.
Pero no podía negarle que viera a mis niños, por otro lado, lo mejor era que me dijera con quién vivía pues yo debía saber a dónde y con quién irían mis hijos. Pero todo lo mantuvo oculto, nunca me dijo que vivía con él.
Después de la primera visita de los niños a su casa, cuando estuvieron de vuelta conmigo, me hablaron muy preocupados, y me dijeron algo que también elevó mi preocupación: ‘papá, mami vive con su amigo del trabajo’. Yo, que ya lo intuía, comencé a indagar más para saber cómo se sentían con él, y lo primero que me dijeron fue: ‘nos trata muy mal, nos riñe, mamá está ahí mientras hace eso y no le dice nada’. Y eso fue más que suficiente para dar aviso a ANCR.
Llamé a ANCR el día siguiente, y rápidamente me dijeron que eso estaba mal, que ella debió avisarme con quién más vivía, y me pidieron el nombre de la persona con la que vivía mi ex esposa. Les di el nombre, pero les dije que no sabía cómo apellidaba, y me dijeron que no me preocupe, que ellos lo averiguarían.
Como cuarenta minutos después me llamaron de vuelta, y lo que escuché me dejó perplejo y más golpeado: ‘Diego, hemos averiguado el nombre completo y la identidad del hombre que vive con tu ex esposa, y se trata de un hombre con cargos legales muy graves relacionados con menores, acabamos de abrir una investigación para saber más detalles de su caso, lo más probable es que elevemos el caso al CFS’.
Mientras escuchaba no podía creer varias cosas, primero, el tipo de hombre con el que mi ex esposa se había metido, sin conocerlo, sin poner primero la seguridad de sus hijos, por otro lado yo decía: ¿Cómo es posible que este tipo esté libre y encima con permiso para trabajar? Los de ANCR me dijeron que estaban procediendo a darle aviso a mi ex esposa para que tome las medidas necesarias.
Cuando yo le envié un audio diciéndole lo que me dijeron en ANCOR, ella me respondió: ‘si lo sé, yo he estado con los chicos todo el tiempo, en ningún momento los he descuidado’.
Mi impotencia por no poder hacer justicia por mis propios medios me consumía por dentro. Estaba enojado, profundamente enfurecido, no solo por la presencia de ese hombre cerca de mis hijos, sino también por la ligereza con la que ella había permitido que alguien así entrara en sus vidas, sin detenerse a conocer realmente a quién estaba poniendo a su lado. Era una sensación de desprotección que me atravesaba por completo, como padre y como hombre.
El caso fue elevado al CFS, y a partir de ese momento comenzaron a aplicarse medidas que cambiaron el rumbo de todo. Sin embargo, lejos de generar algún nivel de conciencia, esto solo profundizó su rechazo hacia mí, porque, fiel al patrón que ya venía sosteniendo, interpretó que incluso el involucramiento del CFS en nuestra separación era también por mi culpa. Y en medio de todo eso, yo seguía intentando sostener lo único que no estaba dispuesto a perder: la seguridad y el bienestar de mis hijos.
Siguiente capitulo: contra todo pronostico
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