Dios

Todas las mañanas cuando llego al trabajo, me pongo mi bata azul, mi malla para el cabello y rostro, mis lentes, mis botas y mi casco naranja. Comienzo mi día saludando amablemente a las personas. Antes no entendía mucho el valor de esas pequeñas cosas, pero después de todo lo que viví, comprendí que muchas personas también deben estar lidiando silenciosamente sus propias batallas, y que a veces un simple gesto de amabilidad puede aliviarle un poco el día a alguien.

Muchas personas dicen: “yo soy como soy” y lo entiendo. Pero también aprendí que la bondad no necesita fingimientos ni exageraciones. Cuando nace desde la gratitud y desde un corazón en paz, la amabilidad deja de sentirse como un esfuerzo y se convierte simplemente en parte de uno mismo.

Una frase que me marcó desde mi juventud fue este dicho del presidente estadounidense Theodore Roosevelt “Haz lo que puedas, con lo que tengas, donde estés”. Fue en esta etapa donde comprendí mejor dicha frase, lo cual no solo se trataba de mi sino también de las personas que me rodean.

Pero entonces, ¿cómo será posible que una persona tan golpeada pueda hacer eso?, ¿no sería contradictorio?, en el plano lógico y humano sí lo es, pero resulta que Dios se mueve fuera de toda lógica humana. Entonces la única manera cómo he podido reflejar bondad hacia los demás, es primero teniéndola yo mismo de parte de Dios, no habría otra forma de explicarlo.

Cierto día, vi un reel de una profesora en Apurímac, Perú, donde sus alumnos mostraban lo que llevaban de merienda al colegio. Eran alimentos sencillos, pero podía notarse que provenían de familias con muy pocos recursos, pues vivían en un pueblo alejado de las grandes ciudades. Revisando el perfil de la maestra, vi que en algunas ocasiones personas habían enviado donaciones para alegrarles el día a los pequeños, así que decidí contactarla.

Entonces se me vino una pregunta a la mente: ¿qué era lo que más me gustaba comer cuando era niño? Y la respuesta fue inmediata: pollo a la brasa. Hasta el día de hoy sigue siendo uno de mis platos peruanos favoritos. Así que envié un donativo por Western Union para que la profesora pudiera invitarles un día.

Aunque quise mantener el anonimato, la maestra, agradecida, hizo un reel donde aparecían los niños comiendo felices en su salón y diciendo: “gracias Diego”. Ver eso me llenó profundamente el corazón. Y fue ahí donde entendí algo muy simple pero muy poderoso: cuando uno puede hacer el bien, no debería tardar demasiado en hacerlo. Porque muchas veces Dios nos permite convertirnos en respuesta para la alegría de alguien más.

Dios me mostró un camino en el que puedo transmitir con lo que pueda esta alegría y positivismo, sin euforias ni fanatismos, sin subidas anímicas repentinas ni emociones temporales, sino a través de la calma y la compasión. Con el tiempo entendí que la compasión también es una forma de fortaleza, cuando Jesús inició su ministerio fue una de las primeras cosas que sintió al ver a las multitudes tan necesitadas de una palabra de amor y de verdad, aun sabiendo todo lo que estaba por sufrir y padecer.

Cuando veo cómo pasó el tiempo en estos tres años, puedo ver cómo y cuánto Dios nos ha cuidado a mí y a mis hijos. Ellos han cruzado toda una etapa de crecimiento en estatura, en personalidad y en madurez, y a pesar de que aún les queda mucho en su etapa de desarrollo, a pesar de que aún necesitan corrección paterna, aún con sus victorias y fracasos, los veo mucho más preparados para la vida que lo que yo estaba a su edad.

También he tenido mis momentos de querer renegar de todo lo que me ocurrió, también he sentido ganas de reclamarle a Dios pues somos seres humanos. Pero siempre estuvo presente su amor y el saber que Él me ama así también como soy. Y así como a Job, sentí que también a mí me dijo: “Desatarás tú las ligaduras de Orión?”, Dios es infinito en su poder y majestad, y toma cuidado de mi vida aún en lo pequeño que soy en el universo.

Cuando salgo a dar unos paseos y veo la inmensidad del cielo, la luna llena cuando sale en el horizonte, cuando leo algún artículo de ciencia y astronomía, cuando veo las misiones que el hombre hace hacia la luna, digo: ¡qué grande es todo y qué pequeños somos!, y esto me hace recordar al rey David cuando dijo: “Cuando veo los cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas, digo: ¿qué es el hombre para que te acuerdes de él y el hijo del hombre para que lo visites?”.

Los momentos duros tienen su inicio y su final, y lo más poderoso de eso es que pase lo que pase, la fortaleza de Dios siempre va a prevalecer como una roca muy firme.

Yo tampoco fui ajeno a los sentimientos de tristeza que venían en oleadas cada cierto tiempo, pues uno siempre piensa “nada de esto habría pasado si…”, pero también entendí que muchas veces, para sanar, los “hubiera” no existe. Las cosas se dieron de esa forma y así pasó, y ahora toca escribir una nueva historia en hojas nuevas, que son los días que Dios nos regala cada mañana.

Si pudiera juntar todas las veces que tropecé y caí, no habría forma de encontrar esperanza para recomponerme. Ni siquiera quedaría aliento en mí para volver a levantarme. Pero es justamente ahí donde comprendí el poder de Dios.

Porque es a través de su amor que encuentro no solo perdón, sino también sanidad. Y es esa fortaleza de acero que Dios puso en mí la que me permite levantarme cada mañana, enfrentar el día y vivirlo con paz, calma y gratitud, sin un pasado que me atormente, un presente que me agobie ni un futuro que me preocupe al punto de robarme la tranquilidad.

Cierro esta serie con una gran verdad, la cual está escrita en un himno que cantaba desde niño y que ahora cobra mucho más sentido en mi vida:

“Por que Él vive, triunfaré mañana,
porque Él vive, ya no hay temor,

Porque yo sé que el futuro es suyo,

La vida vale más y más solo por Él”.

1 thought on “Dios”

  1. Pingback: Una nueva versión – fortalezadeacero.com

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Scroll to Top