La tormenta que me sacudió por completo finalmente pasó, y fue increíble ver cómo las aguas poco a poco se fueron calmando. Esta tormenta, cuando llegó a mi vida, me hizo entender que yo me estaba aferrando a algo que me estaba destruyendo, y que me rehusaba a dejarlo: mi relación. Llegó en el momento que yo menos lo esperaba, y las cosas que viví jamás imaginé atravesarlas ni salir completo de ella.
Pues en verdad fue un gran quebrantamiento, donde una persona rota debe aprender a remar con lo que aún le queda de aliento. Pero déjame decirte que hay algo increíblemente valioso al otro lado de la orilla: la verdadera fortaleza. Algo que jamás se irá de ti hagas lo que hagas, como una huella grabada en la roca.
Fueron días, meses y años, en los que pasé caos, lutos, agravios y temores, pero todo lo que tuvo ese periodo fue parte de un proceso con un propósito mucho mayor a lo que yo pude haber tenido en el pasado, el tener una claridad mental y espiritual que aún no logro alcanzar a entender. Perdí una relación, pero gané un nuevo Diego, mucho más fortalecido, renovado y mejorado que el anterior como si de un poderoso upgrade se tratase.
El dolor en circunstancias como las que viví es abrumador, pero es algo que debe ser atendido y entendido por las personas y con mucha paciencia. Los hombres que pasamos por esto necesitan ser reconstruidos y ayudados de la mejor forma, nuestra propia manera de ser muchas veces impide que se note por fuera, pero es algo real y que está ocurriendo en este momento en muchos hogares. Ese fue otro propósito que pude descubrir con todo lo que me pasó, el poder ayudar a otros que están pasando por lo mismo que yo pasé.
En esta nueva versión, las cosas del pasado quedaron impresas en mi vida solo como parte de la instrucción, parte de la experiencia y preparación para esta nueva etapa, en la que puedo salir a enfrentar la vida con una fortaleza inquebrantable que Dios me ayudó a reconstruir. Mucho más atento a todos los peligros que puedan tener mis hijos y mucho más avisado en cuanto a las relaciones interpersonales.
Toda reconstrucción parte de uno mismo, desde muy adentro, y se va viendo reflejado en el hogar donde uno vive, como dice en Salmos 127:1 “Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican”.
Y ahora, puedo decir con toda tranquilidad, que soy un mejor hombre y una mejor persona, un mejor padre para mis niños y un mejor hijo para Dios. Muchas personas me dijeron: ‘no tuviste que pasar por esto, Diego’, y sí, ninguna tormenta que te sacude por completo y te rompe va a ser buena y da mucha pena ver quien pasa por una de ellas, pero muchas veces es en las circunstancias terribles donde Dios aparece para aleccionarnos, donde nos pule y nos demuestra quién verdaderamente es Él.
En todos los misterios que esto trae, y todas las cosas que no podré entender, solo se que Dios transforma vidas en medio de estas dificultades, y las transforma para ser una mejor versión. Recuerdo que un tiempo, durante el verano del 2025 y parte del otoño, muchas tardes éramos yo, mi trípode de fotografía y la cámara del celular, me iba por varios sitios en los atardeceres más largos del año y volvía a casa cuando ya era de noche, comenzaba a amar el silencio de mi hogar, planeaba mi desayuno del día siguiente, me daba un baño, entraba en mi cama y decía: ¡qué día tan espectacular!, sin cosas extraordinarias, solo yo, mi cámara y la naturaleza.
En esta nueva etapa ya quería vivir el día siguiente, los días ya no se notaban pesados ni dolorosos ni inciertos, sino que cada vez tenían más alivio y más claridad.
Comencé a informarme más de temas de mi interés ya que me gusta cuando tengo un tema en mente, investigarlo a profundidad, y así es que llegué a incluso mejorar mi dieta y mis hábitos de alimentación, mi ejercicio físico diario y también mi ejercicio mental. Entendí también los beneficios de la meditación tras ponerlo en práctica, y a eso le sumé la oración para que traiga doble beneficio. También comencé a practicar ayuno intermitente ya que descubrí los beneficios de la autofagia.
Por último aprendí a ahorrar mi dinero y también a invertirlo, escuché bastante contenido de educación financiera, y ahí también encontré mi propósito de saber manejar mis finanzas para poder vivir tranquilo teniendo fondos de inversión para mi y mis niños, a quienes también comencé a instruirles sobre educación y hábitos financieros.
Por Octubre del 2025 entré como head coach en el equipo de Dakota U10 para la temporada otoño – invierno en la liga del Winnipeg Minor Basquetball Asociation, para mi fue un sueño cumplido pues siempre quise tener la experiencia de volcar en otros lo que yo aprendí jugando y entrenando básquet. Mi hijo mayor también entrenó en ese equipo así que salí muy bendecido de ser su padre y entrenador. Me compré el libro The Mamba Mentallity de Kobe Briant y entendí muchas cosas no solo aplicadas al basquet sino a la vida misma.
Y fue así como entendí que aquella tormenta que un día pensé que venía a destruirme, en realidad había venido a transformarme. Dios no solo me sostuvo cuando sentía que me hundía, sino que también reconstruyó partes de mí que llevaban años rotas sin que yo mismo lo supiera.
Hoy ya no veo mi pasado con dolor, ni con rabia, ni con deseos de regresar a él. Lo veo como parte del camino que Dios permitió para convertirme en esta nueva versión de mí mismo. Una versión mucho más fuerte, mucho más consciente, mucho más agradecida y mucho más cercana a Él. Y aunque todavía quedan cosas por aprender y comprender en esta vida, ahora puedo mirar hacia adelante con paz, porque después de haber pasado por el fuego, entendí que Dios jamás me soltó la mano.
“De manera que si alguno está en Cristo, nueva criatura es, las cosas viejas pasaron, he aquí todas son hechas nuevas” 2 Corintios 5:17
Capítulo final: Dios
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